Esta es una de las fotografías que ayudaría que la guerra de Vietnam y sus horrores llegara al público. Se trata de la fotografía de Phan Thị Kim Phúc después de un ataque con Napalm del ejército de Vietnam del Sur. Nick Út fotógrafo de Associated Press ganó el premio Pulitzer con la fotografía de la niña corriendo desnuda en medio de una caótica guerra. Cuando la niña llegó al hospital, después de sacada la fotografía, se creía que no sobreviviría, pero después de 14 meses en el hospital y 17 cirugías pudo volver a casa. A causa de la fotografía que ya había recorrido todo el mundo, Phuc, ya joven estudiante de la universidad fue considerada por el gobierno de su país como una herramienta política demasiado valiosa y su vida fue supervisada y controlada como un símbolo nacional de la guerra. Cada vez que intentaba evadir a los oficiales, otro periodista extranjero la encontraba. Ella confiesa que esa experiencia fue una pesadilla. Durante años la niña de la fotografía fue un emblema más del partido y era ofrecida para dar entrevistas y ser fotografiada en una fama que ella no deseaba. En su luna de miel hacia Moscú ella y su esposo desertaron en una escala en Canadá donde ahora continúa viviendo. Una fotografía fue tan poderosa para traer al occidente los horrores de una guerra, pero también transformaron la vida de la niña que para siempre sería “la niña de la fotografía”.
No todo lo que se fotografía busca la realidad.
“Todo está inventado” dijo alguien alguna vez. De eso se trataba, los fotógrafos empezaron a buscar en el arte (pintura, escultura…) aquella realidad perdida del mundo: los sueños. Y la fotografía, desde entonces, ya no se encasilla retratando la realidad tal cual es, ahora busca “expresar”, “trasmitir”, “evocar”, “suscitar” y hasta “asquear”. Es como una gran máquina tragaperras, cada moneda que echamos es una oportunidad de ganar muchas más monedas. Cada fotografía que se “ve” y se “siente” nos permite “aprehender” algo más que sólo aquello que está retratado.



